EL HÉROE DE CUSARARE

En semana santa 2019 hicimos un pequeño viaje a Creel, Chihuahua, en unas cabañas cerca de la cascada de CUSARARE. Son cabañas unidas por un pasillo exterior, de manera lineal y con el acceso independiente, al llegar estaban tomando el fresco los demás huéspedes en dicho pasillo exterior, nos estacionamos y al bajarnos nuestro perro Max dio un brinco y salió corriendo a olfatear a todos los perros de la localidad que ya muy acostumbrados se acercan a los huéspedes para que estos les den de comer, Max también se acercó a algunos los huéspedes, alcance escuchar a uno decir “mira por fin un perrito bañado” haciendo alusión a que los demás perros les faltaban baño, pero eso si eran muy buenos ya que le tuvieron paciencia a Max que es muy territorial y escandaloso.

El administrador de las cabañas de inmediato salió del restaurante, se presentó con nosotros y antes de llevarnos a nuestra cabaña nos hizo un pequeño recorrido por el complejo, nos explicó que tanto el desayuno como la cena sería de gastronomía Raramuri, todos los huéspedes se sentaban en mesas extensas con la finalidad de compartir el pan y hacer convivencia, en aquella ocasión me pareció genial pero ya en estos tiempos de pandemia cuentos los días para volver.

 

Como el primer día llegamos en la tarde ya no nos daba mucho tiempo para ir a la cascada o ir al pueblo mágico de Creel, preferimos instalarnos en la cabaña y tratar de conocer los alrededores, el administrador nos comentó de unos petroglifos a casi un kilometro de las cabañas, por lo que un niño de la localidad se ofreció ser nuestra guía, caminamos y a Max tuve que ponerle la correa ya que me angustió un poco de verlo emocionado acercarse a las vacas y caballos que nos encontrábamos en el camino, si estaba seguro que no iban a ser tan tolerantes como los perros de la localidad.

 

Al día siguiente fuimos al Pueblo Mágico de Creel lugar increíble con mucha personalidad y como se disfrutaba escuchar llegar el Chepe así como caminar por su plaza, estuvimos paseando por varias locaciones, fuimos al lago de Arareco subimos a un bote de remos y disfrutamos un buen paseo (creo que para nunca a ver remado no navegamos tan mal). Al día siguiente toda la familia (incluyendo a Max) fuimos al parque Barrancas del Cobre, al subir al teleférico la gente entre incrédula y alegre comentaban que de haber sabido que se podían llevar perros llevarían a los suyos, se puede describir ese paseo como un paseo imponente por sus increíbles vistas, somos muy afortunados de haber tenido la oportunidad de visitar tan majestuoso cañón.

Fue el último día donde Max nos sorprendió fue la caminata a la cascada de Cusarare, de las cabañas a la cascada son como 10 kilómetros de ida y al llegar todavía había que bajar unos kilómetros más para llegar a la cascada, decidimos hacer el recorrido caminando mi esposa, mi hija de 9 años, mi hijo de 7, nuestro Jack Russel Max y yo. Pues iniciamos la caminata cruzamos un pequeño puente que para cruzar el arroyo y unos metros más adelante el sendero nos sacó al camino de terracería para que llegará la gente a las cascadas en coche, caminamos como 4 kilómetros y después seguimos un letrero para salirnos de ese camino de terracería y tomar otro sendero y kilómetros más adelante por fin llegamos al parque que alberga la cascada de Cusarare. Bajamos por unas escaleras muy verticales y prolongadas hasta la cascada, disfrutamos un ligero momento descansando del prolongado recorrido, nos tomamos la foto del recuerdo y al estar un momento observando los paisajes, ya era momento de regresarnos.

El regreso aunque iba a ser cansado parecía que todo iba a ser fácil, salimos del parque y emprendimos nuestra caminata, de nueva cuenta por el sendero arbolado seguimos unos kilómetros y salimos por el camino de terracería, debo de admitir que ya de regreso fue pesado por toda la tierra que aventaban los coches que iban y venían, tal vez de ida no molestó tanto por las ganas que teníamos de llegar a las cascadas, claro que ya mostrábamos cansancio y molestia por tanta tierra, al ver la cara de mis hijos pues no había otra que dar ánimos, tomar ligeros descansos en zonas de sombra que por el costado del camino de terracería que uno encontraba, seguimos, seguimos, seguimos caminando y los niños empezaban con el famosos “cuanto falta” y yo tratando de motivarlos (según yo lo motivaba pero no creo que tuviera tanto efecto en ellos) en eso vi a Max unos 20 metros adelante que se detuvo, al llegar donde estaba le empecé a decir que siguiera, ¡que no sea flojo!, ya casi lo pasaba cuando mi esposa me dice “Max nos esta diciendo que esta es la salida al sendero que nos lleva directo a las cabañas”, me detuve observe y en efecto ese era el camino.

 

De ida era muy fácil seguir la ruta, pero de regreso no había letrero ni nada que indicará en que punto había que dejar el camino de terracería, si Max no nos hubiera avisado el recorrido se hubiera incrementado muchos kilómetros más, hubiéramos salido hasta la carretera y luego buscar la manera de llegar a las cabañas por la misma carretera, tal vez pagar a alguien o de plano caminar aun mucho más, con niños de 9 y 7 años hubiera sido algo muy pesado y por no decir angustiante ya que antes de terminar el camino de terrecería hubiéramos empezado caer en la confusión y duda si íbamos bien y aun faltaba para tomar el sendero o si ya nos pasamos, no hubiéramos sabido por donde estaba el sendero y tampoco por cuantos kilómetros nos abriéramos demás para llegar al menos a la carretera principal, sin duda ¡Max nos salvo de toda esa angustia y cansancio de más!

 

Desde que nos lo regalaron en el 2017 notamos que es un perro territorial, inteligente y temerario, anteriormente ya se había salido de la casa estando largas horas fuera hasta que nos marcaron de un restaurante cerca de la casa, creímos que tuvimos suerte en que lo encontraran pero después de lo de Cusarare, comprendimos que no estaba perdido simplemente ya iba de regreso a la casa y se resguardó en el restaurante por la lluvia de aquella noche.

 

No deja de asombrarme que a pesar de mi instrucción que siguiera, Max se puso firme en mostrarnos el camino, a veces los subestimamos y la lección que nos da es que no debemos de subestimarlos, debemos de respetarlos, darles su lugar y tener empatía con ellos, en el caso de Max es el perro que llegó a Cusarare como la mascota de la familia y salió como “EL HEROÉ DE CUSARARE” ya no de la familia, sino como miembro de la familia y que aún no deja de sorprendernos.